¿Eres libre de firmar como quieres?

A priori la respuesta es "si", sin embargo veremos cómo no somos tan libres como pensábamos.


¿Recuerdas la primera vez que firmaste? Seguro que pusiste tu nombre e hiciste un garabato porque te dijeron que debía hacerse así.

A medida que fuiste más mayor tu firma se fue modificando, buscando la singularidad y basándote en modelos que buscabas hasta que tras el paso de los años encontraste la tuya, la que te hace diferente al resto y la que más se identifica contigo.


Sin embargo, ¿es una creación tuya 100%? Hasta ahora pensabas que si pero siento decirte que siempre está influenciada, al igual que nosotros también lo estamos, la firma que realizamos la hemos visto anteriormente, al menos algún rasgo, algún gesto o algún matiz está condicionado por otra firma que hemos observado previamente y nos ha resultado atractiva pero la hemos dotado de nuestro toque personal.


Hay gente que se fija en la firma de un personaje famoso y la adopta a su manera con gestos de su propia identidad y originalidad, pero la mayoría de las personas nos vemos influenciadas por progenitores o gente cercana a la hora de firmar.


Tal es así que se pueden encontrar muchas similitudes gráficas entre firmas de uno de nuestros padres con nosotros o incluso puede que de ambos.


Además, las firmas también están influenciadas por "modas" del momento. Hace cientos de años la rúbrica solía situarse debajo del nombre como muestra la imagen a continuación:


Imagen obtenida de https://elbauldelolcade.wordpress.com.


Sin embargo, debido a la Revolución Industrial donde se llevaban a cabo numerosos contratos de todo tipo y transacciones, más gente tuvo que aprender a rubricar. No sólo lo hacían unos pocos sino que las rúbricas fueron alcanzando distintos matices, composiciones, tamaños y formas dispares. Todo fue evolucionando.


Otro factor importante que diferencia el estilo a la hora de firmar es la cultura, aunque pueda parecer extraño, la expresividad que refleja una persona italiana no es la misma que la que expresa un japonés y se comprueba nada más ver su firma.


Como curiosidad, lo que principalmente nos diferencia a los españoles es la búsqueda de la originalidad en nuestras firmas.


Teniendo en cuenta estas premisas arriba mencionadas se puede afirmar que la firma es libre en tanto en cuánto que nos representa, la elegimos y dice mucho de nosotros.


La firma capta cómo se siente la persona, cómo es su autoestima y su autoconcepto.


La principal función de ésta es comunicar que estamos adoptando un compromiso, es nuestro "sello" personal para ejercer funciones legales.


Existe otro tipo de funciones en la firma como desarrollar creatividad para distinguirse y buscar la diferenciación entre un grupo de iguales.


En definitiva, la firma es una defensa del yo, bien para diferenciarse del resto o para ser más original, ejemplo de ello es la que se expone a continuación, del famoso Javier Gurruchaga:



El conocimiento de la firma engloba multitud de aspectos a tener en cuenta. Comenzando por el espacio que ocupa, los posibles adornos que se realicen, si estamos ante rúbricas envolventes o de apoyo, enrejadas o de tela de araña entre otras.


Para conocer mucho más sobre el fantástico mundo de la firma y todas sus interpretaciones resulta imprescindible el libro de "La firma" de Manuel J. Moreno.


Esperamos que os haya resultado interesante este artículo y esperamos poder compartir más información de valor.




Laura Romero Gómez.

Fundadora de www.grafotalentos.com


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